El tesoro perdido de la Catedral de San Ildefonso de Mérida, Yucatán. Por Eloy A. González.
El tesoro perdido de la Catedral de San Ildefonso de Mérida, Yucatán.
Por Eloy A. González.
La Catedral de San Ildefonso en la ciudad de Mérida, capital del estado de Yucatán en México es la sede de la Arquidiócesis de Yucatán y la primera catedral levantada en la América continental (tierra firme) y también la más antigua de México. La ciudad de Mérida como tal fue fundada sobre la antigua T’Ho; en tanto que la capilla de San José fue construida en un lugar donde existía un templo maya.
En este mismo lugar en el año de 1561, el Papa Pío IV a petición del rey Felipe II, emite la orden de construcción de esta catedral consagrada a San Ildefonso de Toledo. La construcción demoró 37 años hasta concluirse en el 1599. El estilo arquitectónico es morisco en las torres e interior y la fachada es renacentista; muestra retablos de estilo barroco.
El asunto que nos trae a esta catedral, única por su antigüedad y valores, es la información de que de esta catedral, tal vez en sus momentos de mayor riqueza y esplendor, fueron sacados sus tesoros más preciados para ser enviados a un lugar seguro en la siempre fiel Isla de Cuba. Esto por el año de 1642 cuando, ante la inminencia de un ataque pirata, las autoridades eclesiásticas deciden resguardar las riquezas que allí se atesoraban en La Habana.
Desde este punto lo que puede ser verdad histórica se trasforma en leyenda, esta que dice así:
Las autoridades de la ciudad mexicana de Mérida decidieron enviar las cuantiosas riquezas acumuladas en su catedral hacia La Habana, con la intención de protegerlas. La expedición, sin embargo, nunca logró llegar a su destino. Apenas entraron en alta mar comenzaron a ser perseguidos, y tras convencerse de que era imposible alcanzar la capital cubana con el tesoro, optaron por enfilar hacia la península de Guanahacabibes para ocultarlo. Así lo hicieron, sellando su suerte para siempre a la colosal fortuna. En un combate desigual, a manera de venganza, la tripulación fue exterminada por los piratas. Solo uno de los frailes que custodiaban la carga, consiguió abrirse paso a través de la península. Con el cuerpo desecho por el diente de perro y las espinas, el hombre logró dar testimonio de lo sucedido en la iglesia del poblado de Guane. Allí quedaría recogido su testamento y también los nombres de las embarcaciones, el inventario de la carga y el derrotero hacia el sitio exacto donde fuera ocultada. Poco después, consumido por la fiebre y la fatiga, el último testigo del enterramiento, también moriría. [1]
Catedral de San Ildefonso de Mérida.
No hay duda que en la ruta desde México a La Habana, una parte de la flota de Indias pasaban muy cerca de la península de Guanahacabibes en el extremo occidental de la Isla para poner proa hasta la Habana donde se encontraban la otra parte de la flota que venía de Cartagena de Indias. Por esa zona, por demás preligrosa, pasaban buena parte del comercio del Virreinato de la Nueva España y también se movían a sus antojos corsarios y piratas.
Lo cierto es que, sin certidumbre histórica alguna, por la zona de Guanahacabibes en la provincia de Pinar del Rio, esto en Cuba, muchos piensan que está el tesoro de la Catedral de Mérida; el mismo que trataron de poner a buen recaudo en La Habana y no pocos se dedican a investigar y buscar este tesoro. Es por esto que aparecen en el escenario cubano algunos cazatesoros que pretenden echarle mano a la valiosa carga desaparecida.
Hay en los cubanos una inclinación a la fabulación y la imaginería. Desde niño siempre escuchábamos una historia tras otras de personas que encontraron una botija llena de monedas de oro y allí terminaba su infortunada vida. Fuimos testigo de aquel fenómeno único cuando en los años 80’s del siglo pasado el régimen comunista creo las llamadas: “Casas del oro y la plata”, entonces las escasas joyas y pedacería en oro y plata que quedaban en algunos hogares en Cuba fueron comprados a precios irrisorios por el gobierno para aumentar su caudal en divisas. Los incautos, que fueron muchos, llevaron lo poco que les quedaba de valor para recibir los escasos “chavitos” que les permitía comprar algunas cosas necesarias y otras no tan necesarias; pero que solo estaban en las tiendas en divisas o shoppings que regenteaba el gobierno. Fue una estafa colectiva sin lugar a dudas; pero aquello dio lugar a una especie de “fiebre del oro” que movió a cientos de cubanos a cavar en terrenos baldíos y al pie de gigantescas ceibas en busca de tesoros inexistentes.
Hoy algunos esperan encontrar el tesoro de la Catedral de Mérida, y si lo encuentran pues se quedaran con el. Hay algunos que se dedican a buscar este u otros tesoros allá por Guanahacabibes, en tanto que los investigadores no se ponen de acuerdo sobre si existió o no este tesoro; propiedad de la Arquidiócesis de Mérida…, si es que existe.
Enrique Giniebra, vicepresidente de la filial de la Unión de Historiadores de Cuba en Pinar del Río, nos dice: “a medida que ha pasado el tiempo, se han ido conformando diferentes lecturas de las pistas existentes. Hay gente que dice que está por la furnia, otros que más hacia el oeste. La gran mayoría lo ubica en el sur de la península, pero yo he visto documentos que indican que es por el norte, por la ensenada de Cajón”, Giniebra ha logrado reunir copias del supuesto testamento del fraile, del diario de navegación de las embarcaciones que transportaban el tesoro y de varios mapas del sitio de su presunto enterramiento. “Cuando uno los analiza, se da cuenta de que tienen notables contradicciones. Tal vez, porque hayan sido redactados en momentos distintos, o porque alguien, de los tantos que lo han estado buscando, haya falseado los planos para despistar”… hay personas que han investigado el tema, incluso estuvieron en Yucatán, y han contado que en la Catedral de Mérida no existe ningún documento que confirme el traslado de bienes eclesiásticos tan grandes. [2]
Volviendo a la Catedral de Ildefonso de Mérida; es cierto que en la misma se atesoró valiosos bienes a través del tiempo, pero también es cierto que fue objetos de saqueos en más de un ocasión. No sabemos con exactitud si se produjeron los ataque de corsarios y piratas a esta plaza y cuanto tomaron de la catedral, sobre todo en los años anteriores al 1642 cuando el tesoro fue, supuestamente, enviado a La Habana a donde no llegó. Lo cierto es que en el siglo XIX la Catedral fue objeto de saqueos durante las revueltas agrarias, de donde fueron robados algunos de los tesoros y obras de arte. Pero tal vez el peor saqueo se produjo durante el asalto y franca profanación ocurrido el 24 de septiembre de 1915, en los días del gobierno del Gral. Salvador Alvarado; un general revolucionario anticlerical. Los asaltantes dejaron la catedral arruinada; perdió parte de su invaluable acervo de arte sacro, incluyendo retablos barrocos y churriguerescos de los siglos XVII y XVIII, y el órgano Walcker, de fabricación alemana construido en 1902. [3]
Esta leyenda del tesoro de la Catedral de Mérida; como la también leyenda, de la herencia perdida de Bartolomé Manso de Contreras [4] me produce no pocas dudas; pero quien sabe…, tal vez un día alguno de estos cazatesoros cubanos se encuentren con los cuantiosos bienes de la importante Catedral de Mérida que sí es, sin lugar a dudas el tesoro más preciado de la arquitectura religiosa en México. Pero si encuentran el tesoro allá en Pinar del Rio, Cuba…, que lo devuelvan a sus dueños; aunque el régimen tiene un historial nada despreciable de ser un amigo contumaz de lo ajeno.
13.05.2015©
- [1] Ronald Suárez Rivas .La leyenda inconclusa del Tesoro de Mérida.30 de abril de 2015. En línea. Consultado 5/12/2015. Disponible acá.
- [2] Idem.
- [3] ÁLBUM DE FAMILIA: EL ASALTO A LA CATEDRAL DE MÉRIDA YUCATÁN. En línea. Consultado 5/12/2015. Disponible aquí.
- [4] La Herencia perdida de Bartolomé Manso de Contreras.BuenavistaVCuba Blog. En línea. Consultado 5/12/2015. Disponible aquí.
Publicado por //EG//.