¿De dónde proviene el poder? La fábula del "Amo de los Monos". Fragmento del libro de Gene Sharp "De la Dictadura a la Democracia"
¿De dónde proviene el poder? La fábula del "Amo de los Monos".
El logro de la libertad con paz no es, desde luego, una tarea fácil. Requerirá una gran habilidad estratégica, organización, y planeación. Sobre todo, requerirá poder. Los demócratas no pueden esperar derrocar una dictadura y establecer la libertad política sin la habilidad de aplicar su propio poder con efectividad.
¿Pero cómo es esto posible? ¿Qué tipo de poder puede movilizar la oposición democrática suficientemente para destruir a la dictadura y a sus vastas redes militares y policiales? Las respuestas están en la frecuentemente ignorada comprensión del poder político. Esta comprensión no es realmente tan difícil de obtener. Algunas verdades básicas son muy simples.
La fábula del “Amo de los Monos”
Una parábola china del siglo XIV por Liu-Ji, por ejemplo, plantea muy bien esta descuidada comprensión del poder político:(7)
En el estado feudal de Chu un anciano sobrevivía manteniendo monos a su servicio. La gente de Chu lo llamaban “ju gong” (amo de monos).
Cada mañana, el anciano reunía a los monos en su patio, y ordenaba al más viejo a dirigir a los otros a las montañas para recoger frutos de los arbustos y árboles. Era la regla que cada mono tenía que dar una décima de su colección al anciano. Aquellos que no lo hicieran, recibían latigazos. Todos los monos sufrían amargamente, pero ninguno se atrevía a quejarse.
Un día, un pequeño mono le preguntó a los otros: ¿Sembró el anciano todos los árboles frutales y los arbustos?” Los otros respondieron: “No, crecieron en la naturaleza.” El mono pequeño entonces preguntó: “¿No podemos tomar los frutos sin el permiso del anciano?” Los otros respondieron: “Sí, todos podemos.” El mono pequeño continuó: “Entonces, ¿por qué dependemos de el anciano? ¿Por qué tenemos todos que servirlo?”
Antes de que el mono pequeño pudiera terminar su oración, todos los monos de pronto vieron la luz y despertaron.
Esa misma noche, cuando el anciano se durmió, los monos derribaron las barricadas de la empalizada en la que estaban confinados y la destruyeron completamente. También tomaron los frutos que el anciano tenía almacenados, los llevaron con ellos al bosque, y nunca regresaron. El anciano murió de hambre.
Yu-li-zi dice, “Algunos hombres en el mundo gobiernan a sus pueblos mediante trucos y no principios rectos. ¿No se asemejan al amo de los monos? No están conscientes de su estupidez. Tan pronto como su gente vea la luz, sus trucos no les funcionarán.”
Fuentes necesarias del poder político
El principio es simple. Los dictadores requieren la asistencia de los gobernados, sin la cual no pueden asegurar y mantener las fuentes del poder político. Estas fuentes de poder político incluyen:
· Autoridad, la creencia entre el pueblo de que el régimen es legítimo y que ellos tienen el deber moral de obedecerlo.
· Recursos humanos, el número e importancia de las personas y grupos que obedecen, cooperan, o suministran asistencia a los gobernantes.
· Destreza y conocimientos, requeridos por el régimen para llevar a cabo acciones específicas y que son suministrados por las personas y grupos que cooperan.
· Factores intangibles, factores psicológicos e ideológicos que pueden inducir a las personas a obedecer y ayudar a los gobernantes.
· Recursos materiales, el grado en el cual los gobernantes controlan o tienen acceso a la propiedad, recursos naturales, recursos financieros, el sistema económico, y los sistemas de comunicación y transporte.
· Sanciones, castigos, la amenaza o ejecución de los mismos, para enfrentarse a la desobediencia y a la nocooperación y asegurar la sumisión y a la cooperación que son requeridas para que el régimen exista y lleve a cabo sus políticas.
Todas estas fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación del régimen, de la sumisión y obediencia de la población, y de la cooperación de innumerables personas y de las instituciones de la sociedad. Estas no están garantizadas.
Plena cooperación, obediencia, y apoyo aumentarán la disponibilidad de las fuentes de poder requeridas y, consecuentemente, expandirán la capacidad de poder de cualquier gobierno.
Por otro lado, el retiro de la cooperación popular e institucional a los agresores y dictadores disminuye y hasta puede cortar la disponibilidad de las fuentes del poder de las cuales dependen todos los gobernantes. Sin la disponibilidad de estas fuentes, el poder del gobernante se debilita y finalmente se disuelve.
Naturalmente, los dictadores son sensitivos a acciones e ideas que amenazan su capacidad para hacer lo que quieren. Por eso, los dictadores probablemente van a amenazar y a castigar a aquéllos que desobedecen, van a la huelga, o no cooperan. Sin embargo, éste no es el fin de la historia. La represión, aún con brutalidades, no siempre produce una vuelta al nivel necesario de sumisión y cooperación que el régimen requiere para funcionar.
Si, a pesar de la represión, las fuentes del poder pueden ser restringidas o cortadas por un tiempo suficiente, los resultados iniciales pueden ser la incertidumbre y confusión dentro de la dictadura. Esto es probablemente seguido por el claro debilitamiento del poder de la dictadura. A lo largo del tiempo, la negativa a otorgar las fuentes de poder pueden producir la parálisis e impotencia del régimen, y en casos severos, su desintegración. El poder del dictador morirá, lenta o rápidamente, de inanición política.
El grado de libertad o tiranía en una tiranía o cualquier gobierno, es, consecuentemente, en una gran medida, un reflejo de la relativa determinación de sus sujetos a ser libres y su disposición y habilidad a resistir los esfuerzos a esclavizarlos.
Contrario a la opinión popular, aún las dictaduras totalitarias dependen de la población y sociedades que gobiernan. Como el científico político Karl W. Deutsch indicó en 1953:
“El poder totalitario es fuerte solamente si no tiene que ser utilizado muy frecuentemente. Si el poder totalitario tiene que ser utilizado siempre contra la población entera, probablemente no permanecerá fuerte por mucho tiempo. Ya que los regímenes totalitarios requieren más fuerza para tratar con sus sujetos que otros tipos de gobiernos, estos regímenes tienen mayor necesidad de una extendida y segura obediencia de su pueblo; mas aún, ellos tienen que poder contar con el activo apoyo de por lo menos unas partes significativas de la población en caso de crisis.” (8)
El teorista legal del siglo XIX John Austin describió la situación de una dictadura confrontando un pueblo que no lo apoyaba. Austin argumentó que si la mayoría de la población estaba determinada a destruir al gobierno y estaba dispuesta a padecer represión para lograrlo, entonces el poder del gobierno, incluyendo aquéllos que lo apoyaban, no podría preservar al gobierno odiado, aún si éste recibía ayuda exterior. El pueblo desafiante no podía ser obligado a volver a la obediencia permanente y subyugación, concluyó Austin. (9)
Niccolo Machiaveli había argumentado mucho antes que el príncipe “...que tiene al pueblo completo por su enemigo nunca puede garantizar su seguridad; y mientras que mayor sea su crueldad, más aumentará la debilidad de su régimen.,” (10)
La aplicación política práctica de estas perpicacias fue demostrada por la heroica resistencia noruega contra la ocupación nazi, y, como mencionamos en el Primer Capítulo, por los polacos, alemanes, checos, eslovacos y muchos otros que resistieron la agresión y dictadura comunista, y finalmente contribuyeron al colapso del sistema comunista en Europa. Esto, desde luego, no es un fenómeno nuevo: casos de resistencia noviolenta datan por lo menos del año 494 B.C. cuando los plebeyos le retiraron la cooperación a los amos patricios romanos.(11) La lucha noviolenta ha sido empleada en varios tiempos por individuos en Asia, Africa, las Américas, Australia, y las islas del Pacífico, al igual que en Europa.
Tres de los factores más importantes para determinar hasta qué grado el poder del gobierno va a ser o no controlado son: (1) el deseo relativo del pueblo a imponer límites al poder del gobierno; (2) la fortaleza relativa de las organizaciones e instituciones del pueblo para negar de manera colectiva las fuentes de poder; y (3) la habilidad relativa del pueblo para retirar su consentimiento y asistencia.
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