Para el paradigma del “hombre nuevo” se necesitaba una “cultura” adoctrinadora, capaz de destruir lo que el comunismo castrista consideró “rasgos pequeñoburgueses del pasado”, cual copia fiel del realismo socialista de los soviets.
Dr. Alberto Roteta Dorado.- Santa Cruz de Tenerife. España.- En la década de los sesenta, a pocos meses del comienzo de la etapa castrista en Cuba, se inició la persecución a los artistas e intelectuales que, de una u otra forma, y en mayor o menor medida, se apartaban un tanto de los cánones establecidos por los encargados de controlar la cultura del pueblo cubano. Para el paradigma del “hombre nuevo” se necesitaba una “cultura” adoctrinadora, capaz de destruir lo que el comunismo castrista consideró “rasgos pequeñoburgueses del pasado”, cual copia fiel del realismo socialista de los soviets.
El famoso discurso conocido como “Palabras a los Intelectuales”,* del dictador Fidel Castro, constituye el arquetipo de lo que un régimen totalitarista es capaz de imponer a los creadores e intelectuales, independientemente de géneros, estilos o tendencias. Recordemos una de las frases más conocida de dicho discurso; pero hagámoslo en su contexto, esto es, la frase en su totalidad, lo que nos ofrecerá una mejor comprensión en relación con el fenómeno de la marginación, el aislamiento y el ostracismo presentes en la cultura cubana desde 1961.**
En este sentido Castro expresó: "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro (...) ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho".
Idea que resulta bien precisa y no merece comentario, toda vez que es lo suficientemente categórica y totalitaria para añadir explicaciones innecesarias; excepto precisar que dicha sentencia fidelista se mantuvo durante la larga vida del dictador, y aún, en el presente se mantiene como pilar de la política del régimen en relación con la actividad creadora de los intelectuales y artistas y la difusión cultural.
La censura fue y sigue siendo aplicable a todos por igual. Músicos y actores, pintores y escultores, poetas y ensayistas, novelistas y dramaturgos han sido víctimas de las más crueles medidas represivas. El único "delito" cometido ha sido, y sigue siendo, no pensar o actuar según los intereses del régimen comunista de la isla. Ya lo dijo Fidel Castro: "contra la Revolución, ningún derecho".
De modo contrario a la “casería de brujas” empleada como método coercitivo por parte de la dictadura castrista, se alzaban triunfantes muchos que, con o sin talento, se situaron del lado de los represores. Para ellos se abrían nuevos caminos, libres de los habituales obstáculos a los que se han tenido que enfrentar los que decidieron no doblegarse. Para ellos estaba el eslogan castrista: "Dentro de la Revolución, todo".
Hacer mención a todos los que fueron marginados y hasta llevados al ostracismo haría interminable este escrito que pretende evocar, al menos por ahora, a los artistas dentro del ámbito de la música, ya sean compositores, músicos instrumentistas o cantantes. Las prohibiciones de algunas figuras que muy pronto se fueron de Cuba por no estar de acuerdo con el nuevo orden establecido, en medios como la radio y la televisión, es un ejemplo concreto de lo que han sido capaces de hacer. Borrarlos para siempre, como si no hubieran existido, fue la solución que encontraron los encargados de decidir lo que era o no conveniente. Unos pocos ejemplos serán suficientes para demostrar la maldad del comunismo cubano a través de varias décadas.
La bolerista Olga Guillot, quien está considerada una de las figuras más importantes y emblemáticas en la historia del bolero y de la música romántica del siglo XX, sufrió las diabólicas consecuencias del régimen dictatorial de la isla. Para la gran dama del bolero fue aplicable la sentencia castrista: "contra la Revolución, ningún derecho". Su “pecado”, como el de tantas figuras notables del arte y de las letras cubanas, fue no situarse del lado de naciente socialismo y marcharse definitivamente del país. Olvidada por la dictadura pero reconocida sobremanera en el mundo. Sus 10 Discos de Oro, 2 de Platino y 1 de Diamante, así como el premio Grammy Latino a la trayectoria, en 2007, así lo demuestran. No obstante, su total prohibición en la radio y la televisión cubanas después de su partida, hicieron que la afamada cantante sea desconocida por varias generaciones de cubanos. Igual destino que la Guillot tuvo otra de las grandes intérpretes de la isla que hizo una fecunda carrera internacional. La llamada “revolución cubana” decidió dejar a un lado a la también bolerista Blanca Rosa Gil. La considerada “voz femenina de la radio” en Venezuela en los años iniciales de los sesenta fue incluida en la lista de los traidores. La “muñequita que canta” fue censurada al no retornar a Cuba durante una gira por México en 1961, en plena efervescencia del “proceso revolucionario” de la isla.
La baladista Martha Strada, con una destacada trayectoria en la década de los sesenta, cuando triunfó en los principales centros nocturnos del país, amén de sus habituales presentaciones en el Teatro de la Comunidad Hebrea, en La Habana, y otros importantes escenarios del centro de Cuba, es prácticamente desconocida por varias generaciones. La intérprete de “Abrázame fuerte” fue marginada desde siempre. Luego, cuando tomó la determinación de irse de Cuba, el castrismo decidió sepultarla por la eternidad. La plataforma oficialista cubana EcuRed solo le dedica un párrafo.
Foto debajo: Celia Cruz, la más universal de las cantantes cubanas de música popular tradicional, su caso constituye el ejemplo más ilustrativo de lo que una dictadura totalitaria es capaz de hacer en detrimento de la cultura.
La salsera Celia Cruz, tal vez la cantante cubana de mayor trascendencia internacional, al menos en Latinoamérica, fue censurada y castigada con la prohibición de retornar a su tierra. Su historia es bien conocida para detenernos en detalles. No obstante, merece precisar que su sonado caso es el más emblemático de todos, no solo por la gran popularidad de la artista; sino por la dureza del tratamiento dado por el régimen castrista. No obstante, Celia Cruz es identificada en el mundo hispano como cubana, como la gran cantante de música popular y tradicional de la mayor de las Antillas. El comunismo cubano la prohibió en su tierra, pero el mundo le abrió las puertas que la llevaron al triunfo y a su consagración como artista.
Foto de Meme Solía debe decir: Meme Solís, el autor de “Sin un reproche”, sufrió como nadie las terribles persecuciones por el hecho de no simpatizar con el régimen comunista de Cuba y apartarse de sus cánones establecidos.

José Manuel Solís, conocido artísticamente como Meme Solís, pianista, compositor, repertorista y director de agrupaciones vocales de pequeño formato, es otro de los casos que merecen mención. Meme no tuvo la misma "suerte" de las artistas antes citadas, toda vez que fue retenido en Cuba y llevado al ostracismo extremo. Primero fueron dejando en segundo plano al afamado cuarteto que fundó y dirigió hasta su disolución en 1969. Farah María, Héctor Téllez y Miguel Ángel Piña – los integrantes, junto a Meme, del más popular cuarteto de todos los tiempos en Cuba–, por aquellos años muy jóvenes y preocupados sobremanera por sus imágenes en la escena, amén de sus cualidades vocales indiscutibles, no cumplían con los cánones del realismo socialista. La elegancia y el hecho de estar a la moda no estaban bien visto por los bolcheviques caribeños encargados de mostrar al público lo que era o no conveniente. Primero los alejaron de la radio y la televisión, y luego de los teatros hasta dejarlos limitados al cabaret.
Cuando se les presentó la posibilidad de salir al extranjero junto a la vedette Rosita Fornés, con quien habían trabajado el repertorio durante un buen tiempo, fueron sustituidos por el cuarteto Los Modernistas, los que, independientemente de su calidad, no estuvieron en la preferencia del público como Los Meme, aunque se diga o se pretenda decir lo contrario. Finalmente Solís disuelve el cuarteto y determina marcharse de Cuba, algo que logró luego de casi dos décadas de castigo. Su historia es también conocida, aunque menos que la de Celia Cruz. De ahí que insistiera un poco más en algunos aspectos relacionados con el autor de obras como "Otro amanecer", "La orquídea" – compuesta para ser estrenada por Farah María como voz solista del cuarteto–, "Ese hastío", "Sin un reproche" – estrenada valientemente por Rosita Fornés, quien dijo el nombre del autor en público en los tiempos en que era un delito pronunciarlo– y muchas más.
Pero al menos estas figuras que he mencionado lograron dejar su impronta en muchos cubanos de su tiempo, los que contribuyeron a mantener su presencia en otras generaciones, aunque, como es lógico, de manera muy limitada. Si se aplicara una encuesta de manera aleatoria, sin duda, la mayoría de los cubanos de diferentes generaciones no tendrían la menor idea de estas figuras del arte cubano, exceptuando el caso de Celia Cruz.
Foto de Mike Porcel debe decir: Mike Porcel, autor de “En busca de una nueva flor”, popularizado por la cantante Argelia Fragoso, es otro de los tantos que sufrió la marginación de la cultura por el efectos del castrismo.

Sin embargo, por desgracia, hay un trovador, cuyo fugaz paso por los medios de Cuba, impidió que su imagen quedara, aunque fuera de modo sutil, entre los amantes del buen arte. Mike Porcel no es un compositor para ser comprendido y admirado por las multitudes, y si aún así se le prohíbe por la eternidad en la tierra donde nació y pasó una parte de su vida, entonces el autor de "Diario" (intérprete Amaury Pérez) y "¡Ay! del amor" (intérprete Jesús del Valle) tiene todas las de perder, si de popularidad se trata.
Gracias a las grabaciones que realizaron dos destacadas intérpretes cubanas que permanecieron en la isla, al menos, dos de sus canciones se siguieron escuchando en la radio. Beatriz Márquez, con su maestría y excelencia vocal, inmortalizó "Diálogo con un ave", una de las primeras composiciones de Mike Porcel. Pasadas dos décadas de su primera grabación la “musicalísima” tuvo la valentía de retomarla y hacer una nueva versión. Una orquestación de lujo, amén de la voz extraordinaria de la intérprete, ahora en la plenitud de su madurez artística, convierten a la obra en una verdadera joya.
La otra intérprete que contribuyó a la permanencia de Porcel es Farah María, quien con su musicalidad exquisita, su fraseo sinigual, y la ternura de su voz, logró hacer de "Paloma", otra de las obras maestras de Porcel, una verdadera creación. Hasta el presente ningún cantante cubano, ya sea de la isla o de la diáspora – hasta donde se–, se ha atrevido a interpretar dichas canciones. Después de todo, sería lo mejor. Lo logrado por Beatriz Márquez y Farah María jamás podrá ser igualado, y menos aún, superado. Farah María, a pesar de no haber abandonado definitivamente el país, también sufrió la marginación del sistema, aunque de modo más sutil – fue quien fue: la artista cubana más premiada internacionalmente–. Después de más de dos décadas de triunfos y de extrema popularidad en Cuba, la intérprete de “El recuerdo de aquel largo viaje” se estableció por casi dos décadas en España. Contratos permanentes en la red de teatros de la Comunidad de Extremadura, amén de sus grandes conciertos “Noches de boleros”, en el teatro Alcázar de la capital española, la mantuvieron más tiempo en España que en Cuba.
Los cubanos dejaron de saber del ícono de la belleza, la clase y la elegancia en la escena, a pesar de que cada año asistía al Festival Boleros de Oro, ya fuera en La Habana o en Santiago de Cuba. Jamás se supo de sus presentaciones en el Gran Teatro de Cáceres, en el Palacio de la Diputación o en el Teatro López de Ayala de Badajoz, ni de los dos discos grabados en la madre patria, y mucho menos de su distinción como Miembro Honorario de la Asociación Amigos del Bolero Maestro García Morcillo. Alguien se encargó de que no se supiera: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.
Lo que casi nadie sabe es que Mike Porcel es coautor, junto a Ireno García, del himno del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Cuba en 1978. La gran cantante Argelia Fragoso – por aquellos años muy joven, pero siempre en plenitud de madurez vocal– fue la encargada de cantarla y de realizar la única grabación que existe de "En busca de una nueva flor", el mítico tema que los cubanos de aquellos tiempos corearon, y que, hoy, lamentablemente, está olvidado.*** El emblemático himno, junto a su autor, un extraordinario compositor, pasaron al enorme arsenal de figuras olvidadas por no situarse del lado de los cánones establecidos para la cultura por el castrismo.
Así las cosas, como dijera el dictador Fidel Castro: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” (…) “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho", lo que se ha cumplido y se ha ratificado en el último congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, una institución, como es de esperar, al servicio del régimen y en contra de la libertad de expresión y de creación de los intelectuales y artistas de Cuba.
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* Discurso pronunciado por el dictador Fidel Castro, como conclusión de las reuniones con los intelectuales cubanos, efectuadas en la Biblioteca Nacional los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. ** No se pone 1959, el año exacto en que se estableció Castro en el poder, toda vez que se utiliza como referencia la primera reunión con los intelectuales cubanos, en la que hace referencia a lo que se debía o no hacer en la esfera del arte y la cultura: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada (…) “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho", algo que tuvo lugar en junio de 1961. El propio dictador en su discurso de clausura reconoce que, entre tantas cosas que se debía hacer en los tiempos iniciales de la llamada revolución, se había priorizado asuntos de vital importancia, sobre todo en el ámbito económico y social. No obstante, el tema de la creatividad artística y el trabajo de los intelectuales fueron tratados con rigor y siempre bajo la amenaza desafiante de Fidel Castro.
*** “En busca de una nueva flor” de los autores Mike Porcel e Ireno García, a diferencia de lo que muchos pudieran creer, por tratarse de la canción tema del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, no contiene en su texto – de belleza inigualable– contenido de tipo “revolucionario” al estilo de los cánones del engendro del realismo socialista caribeño. Eso fue demasiado polémico en su tiempo, aunque ya la suerte estaba echada, y el jurado había premiado la obra de Mike Porcel.

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