"Cuba es de los cubanos y les sera devuelta": el pastor Alexander Pérez Rodríguez tras el chispazo inicial del 11J. Por Yoe Suárez. La Hora de Cuba.
“CUBA ES DE LOS CUBANOS Y LES SERÁ DEVUELTA”: EL PASTOR TRAS EL CHISPAZO INICIAL DEL 11J
Por Yoe Suárez
La Hora de Cuba
30 de julio de 2021
Cortesía del entrevistado
Alexander Pérez Rodríguez pasó buena parte de su vida en San Antonio de los Baños, también conocida como La Villa del Humor, por la cantidad de caricaturistas notables nacidos allí. “Me crié en una parte muy marginal de ese pueblo, El palenque, aunque desde niño fui muy estudioso e inquieto para el aprendizaje”, rememora en esta conversación-entrevista que nos concede a sus 44 años. No imaginaba en la niñez que sería uno de los gestores del chispazo primero de las mayores protestas pacíficas durante la tiranía socialista cubana.
Pregunta (P): El grupo de Facebook del que eres administrador, La Villa del Humor, cuenta con más de 9 mil 300 miembros, ¿cómo surgió?
Respuesta (R): La Villa del Humor surgió por la necesidad de tener noticias de los que estamos fuera de la isla, y de los que están en el pueblo de San Antonio de los Baños. Utilizábamos el grupo para cosas tan disímiles como anunciar la compra o venta de productos y casas, hasta para anunciar el obituario de alguien conocido.
Entré a ella, como todos, para reencontrarme con mi pueblo. Soy uno de sus fundadores, aunque no lo creé, y sí, soy uno de sus tres administradores. Ahí conocí a Danilo y Lázaro, los otros dos administradores que, por motivos de seguridad, usan seudónimos.
P: ¿Qué rol jugó el grupo La Villa del Humor en las movilizaciones masivas del 11 de julio en Cuba, que se iniciaron en San Antonio de los Baños y se extendieron masivamente a más de 60 ciudades y poblados de la isla?
R: Cuando llegó a los cuatro mil miembros, vimos la oportunidad de educar a los cubanos cívicamente. Danilo, que es un excelente líder decidió que yo fuera el administrador visible, pues estaba fuera de la isla, además, soy orador.
En San Antonio de los Baños cada vez se veía un descontento generalizado por la falta de viviendas, de agua potable en muchos lugares, el maltrato de las autoridades hacia la población, la subida de los precios, en fin.
Hace un tiempo hubo gran preocupación en el grupo por la entrada en el pueblo del caracol gigante africano. El silencio de las autoridades generó mucha molestia, y se convocó a los miembros a ir y dar las quejas y defender sus derechos, pero resultó en un fracaso. Después vino la llamada Marcha de los girasoles, convocada por la opositora Unión Patriótica de Cuba. Logramos reunir unas cien personas, que fueron dispersadas. En esa ocasión oficiales de los órganos de la Seguridad del Estado fueron a casa de mi familia a preguntar por mí, y también a la sede central de la Iglesia Adventista, en la Habana.
El fiscal principal de la provincia Artemisa, Mauricio Ramírez, me escribió por privado ofendiendo, amenazando y asegurando que no lograríamos nunca que el pueblo de San Antonio de los Baños marchara.
En 2020 tratamos de educar a la población sobre sus derechos, llegó la pandemia, todo el desastre en Cuba se agudizó, y llegó el momento oportuno. Entre los tres administradores decidimos que Danilo, viendo el descontento del pueblo, les convocara a salir a las calles, y fue un éxito.
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A los 12 años Alexander entró a una Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuando “en Cuba no era bien vista la fe cristiana –y rectifica—, bueno, nunca lo ha sido”. Profesar su religión le trajo “situaciones frontales en la escuela y en los trabajos que tuve en la isla. De hecho, el preeuniversitario lo tuve que hacer en la Facultad obrero-campesina, pues en los años '90 para los adventistas era muy difícil poder estudiar en la preparatoria”.
Dice Alexander que desde joven supo que Cuba estaba bajo una dictadura, porque es un lector voraz. “Leo todo lo que caiga. Y un día obtuve un ejemplar del 2006 de la Revista Hispano-Cubana, editada en España, y ahí supe de Raúl Rivero, María Elena Cruz Valera, Oswaldo Payá y otras víctimas de la Primavera Negra. Para mí fue de mucho aliento y agradezco a Dios que aquella revista cayera en mis manos”.
En ese entonces ya Alexander había terminado el servicio militar que los varones cubanos están obligados a cumplir de uno a dos años. Aún recuerda cómo en la base aérea de San Antonio de los Baños fue objeto de “burlas, amenazas, golpes por parte de los oficiales por ser 'objetor de conciencia', me negué a portar armas o trabajar los sábados, y ese fue un momento muy crítico y tenso en el que solo mi fe en Dios me mantuvo firme sin violar mis principios”.
En 2008 entró a estudiar Teología en el Seminario teológico adventista de Cuba, donde una de las materias a aprobar era Estudio de las religiones y credos. “Pasé la materia estudiando la liturgia de la Iglesia Católica, así que salí a La Habana. Visité un templo y allí me presenté y expliqué a un muchacho sobre mi búsqueda. Me recibió sonriente, fue extremadamente amable conmigo, su nombre era Harold Cepero. Fui varias veces a esa iglesia y aunque terminé mi materia, nuestra amistad siguió”.
Cepero, un destacado activista prodemocracia que participó en el Proyecto Varela, murió en un extraño accidente automovilístico el 22 de julio de 2012, junto al líder opositor Oswaldo Payá. Varios cubanos piden que este hecho se investigue, de forma independiente, por organismos internacionales.
“Este valeroso joven fue el que infundió en mí el civismo y el deseo de libertad –recordó Alexander—, su seguridad en una Cuba libre por vías pacíficas también la hice mía. Le dije una vez que haría todo lo posible para ese fin”.
“En 2010 me casé con una chica mexicana que amo con todo mi corazón, desde entonces viví en México, pero mi promesa y mi lucha por la libertad de Cuba siguieron en pie desde allá —relató. Me sumé al movimiento Somos +, por dos años, hasta que, por motivos muy personales, resolví retirarme de ese grupo. A partir de ese momento, decidí que actuaría contra la dictadura de manera personal, denunciaría los abusos y ayudaría de cualquier manera posible”.
En 2014 Raúl Castro visitó Mérida, donde Alexander vivía y pastoreaba una pequeña congregación. “En ese entonces el consulado cubano ya sabía de mis vínculos con algunos disidentes”, cuenta. Cree que los tres días que estuvo el dictador en la ciudad, en la esquina de su casa permaneció un carro de la embajada cubana, vigilando.
En 2014 murió su madre. Cuando el vuelo México-Habana quedó vacío de pasajeros, militares cubanos dejaron a Alexander en una oficina. Lo soltaron cuando la mujer ya había sido sepultada. El adiós de un hijo a su madre no debería ser ese.
Volvió a Cuba en 2018. Desde que llegó al aeropuerto, recuerda, tenía la sensación de que lo seguían. Eso mismo sintió durante su estancia en San Antonio de los Baños, vigilado, incluso en su iglesia.
“La Adventista fue una de las denominaciones más dañadas por el régimen; perdió escuelas, clínicas, más todos los maltratos que sus fieles y pastores pasaron. Como institución ha mantenido una actitud apolítica, la postura de guardar silencio”, lamentó Alexander.
“La organización en la isla nada tiene que ver con mi activismo y mi forma de pensar, creo en el libre albedrío y que todos daremos cuentas a Dios —aclaró. Mi actividad cívica la ejerzo desde mi fuero interno, desde lo que Jesús hubiera hecho frente a la injusticia. Ningún pastor que ame a sus ovejas, las vea sufriendo y padeciendo se queda sin defenderlas. Es nuestro deber. No soy un político, soy un pastor de pueblo y para el pueblo, me debo a Dios y a ellos”.
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P: La penetración paulatina de internet en Cuba parece haber marcado un antes y un después en lo que a movilización social respecta…
R: Sin duda alguna. El internet y las diferentes redes sociales han ayudado que el cubano pueda analizar y darse cuenta de la verdad. Hoy el cubano puede mandar mensajes, denunciar, puede oir y ver no solo lo que la dictadura quiere, sino también la contraparte.
Tal es así, que aunque fuimos nosotros los que convocamos a esta manifestación pacífica, supimos cuándo estaban en el parque central del pueblo por los Facebook Live de los mismos ariguanabenses, y así corrió por toda la isla. Es un recurso poderoso para organizarse socialmente, y la dictadura lo sabe.
P: ¿Tienes miedo? ¿Temen los administradores del grupo que se encuentran en la isla?
R: El temor siempre está ahí, y es algo de lo que la dictadura se ha valido siempre. La cuestión es cambiar el miedo por dignidad, democracia, derechos y fe en Dios, y las nuevas generaciones buscan eso: un cambio. Debemos acompañarlos y crearlas junto con ellos. Vivir en Cuba bajo esa dictadura es, día a día, un riesgo. Lo hemos visto en los últimos días, pero Cuba es de los cubanos y les será devuelta.
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